jueves, 19 de diciembre de 2013

DÍA 6 : SERENIDAD Y PLEGARIA

Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook



El Espíritu Santo es el artífice de la nueva obra de Dios . Un cristiano nuevo según la Divina Voluntad un cristiano aún estando en este mundo puede lograr con la ayuda de la gracia llegar hacia alturas de santidad . 


jueves, 12 de diciembre de 2013

DIA 5 : SOMOS PEQUEÑOS CÁLIZ PARA EL AMOR Y SUFRIR




Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook


Toda realización que un alma aspira para una comunión mística con Dios siempre será por medio de la Cruz y el consumo de la Sagrada Eucaristía . Hoy hermano o hermana Dios busca tu corazón para hacerse bien amigos y esto es para siempre.  Contempla bien esta bella imagen explicatoria del más alto misterio del amor de Dios luego lee meditando el mensaje. 

Muy buenas eternidades , amén.





lunes, 2 de diciembre de 2013

DIA 4 : NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO NOS PIDE HOLOCAUSTO DE AMOR



Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook


Si los católicos mayormente supiéramos lo que significa el holocausto de amor por la salvación de almas creo que nos ofreceríamos por amor al sufrimiento. Con el sufrimiento NSJ nos purifica y perfecciona para sus designios que son los secretos de su Sacratísimo Corazón. Pidamos a la Santísima Virgen y  por medio de Ella la Luz del Espíritu Santo





jueves, 28 de noviembre de 2013

DIA 3 : OFRÉCETE EN HOLOCAUSTO DE REPARACIÓN



Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook



¡Oh Divina Voluntad ! , para los cristianos es donar la propia voluntad a Dios sin cálculos ni dobleces . Es donarnos totalmente por eso la fe se nos ha sido dada para ejercitarla . Jesús en sus mensajes escuchamos sus divinas quejas y sufrimientos . ¡ Antes de la Justicia su Misericordia ! Para este día y todos los días de nuestras vidas ofrezcamos nuestras oraciones reparadoras por la salvación de muchas almas con sus rosarios pidiendo a la Santísima Virgen y por medio de Ella al Espíritu Santo (ver oración abajo) :

- Que Dios nos perdone por las cosas buenas que hemos dejado de hacer .
- Que Dios nos perdone por las cosas buenas que hemos hecho mal.
- Que Dios me libre de la penas del infierno . Me alcance la gracia de hacerme santo. 






ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, ven, colma esta criatura Tuya de Tus dones. Esplendor Divino, Fuego Sagrado, Manantial Cristalino de limpia fraternidad. Vida de los cristianos, cayado de los desvalidos, luz en las tinieblas, calor en el frío, levanta mi ser dormitante, eleva mi alma hacia Ti.

Ven Espíritu Santo, dame Tu Sabiduría para actuar rectamente.
Dame inteligencia santa, para atraer a mis hermanos, no me sienta superior a mis semejantes, sino sea el más pequeño para que surjas Tú con poder.

Ven, toma mi mente y renuévala; sea yo un eco de Tu voz y aconseje en la Voluntad Divina, no en la mía. Dame las fuerzas para no tambalear y resistir mirándote;  embelesado por Tu fortaleza, sea yo un fiel apóstol.

De Tu ciencia oh Divino Espíritu, sea yo reflejo, busque yo Tu gloria, aleja de mí lo mundano. Penetra lo íntimo de mi corazón e injerta en él Tu misma piedad para amar con Tu mismo amor.  Realiza en mi ser el milagro del temor de Dios; dame sed de almas, para que sin mirar a quién, labore para el Reino.

¡Oh Espíritu Santo!, infunde en mí el don del verdadero amor. Gracias Santo Espíritu Divino, vive en mí a plenitud, que consciente de mi necesidad con plena libertad te llamo a tomar posesión de mi vida.

Gracias oh Bondad Divina,  Soberano Misericordioso, Fuego Sagrado.
                                                                                                                                                                                             Amén.  



miércoles, 27 de noviembre de 2013

DÍA 2 : JESÚS TE LLAMA Y HABLA A TU CORAZÓN




Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook


A través de mi trabajo espiritual publicaré extractos sacados del libro Potencia Divina de Amor que en realidad son coloquios de Amor de Nuestro Señor Jesucristo a la bienaventurada madre Venturella , sin embargo ella ya se fué para siempre al seno del Padre por lo tanto sus mensajes ahora son para nosotros . Hagamos de estas lecturas un encuentro con Jesús un encuentro de corazón a Corazón , de tu alma con el Alma , así sea. 




Continuará ...

lunes, 25 de noviembre de 2013

DÍA 1 : MENSAJE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO A LA MADRE VENTURELLA




Por : Marco Antonio Guzmán Neyra | Facebook


Damos inicio a la difusión de este apostolado de la Verdad que serán entregadas al conocimiento de los fieles católicos del cual serán 33 días y que nos alimentaremos de su Luz Inefable para reforzar la dinámica de nuestra fe enrumbando nuevos destinos. Madre Amable del Verbo de Dios , ruega por nosotros y condúcenos al Jardín de la eternidad con Jesús , amén. Ven Potencia Divina de Amor , Ven a nuestro corazón , purifícalo y hazlo todo tuyo , amén. Solo pondré extractos importantes de los mensajes del Señor a la Madre Venturella en un orden más menos conveniente para meditar sus contenidos y aplicarlos al diario vivir en nuestra sagrada religión.
¿Como debemos seguir estos coloquios espirituales ?. Creo a la manera mística ; es decir en estado de gracia , oración y meditación . Hacerse la idea de que los mensajes lo recibe uno como lo experimentó la religiosa cuando vivía. Tratamiento sustancioso de los libros espirituales se toma particularmente. El mensaje de Jesús va a nuestro entendimiento y corazón.


POTENCIA DIVINA DE  AMOR

PRESENTACIÓN


Este libro es un extracto de un voluminoso manuscrito de más de 500 páginas, compuesto por una “pobre alma” (así se firma ella), únicamente bajo mandato de la obediencia.
Los textos que aquí se transcriben lo son tal como se encuentran en el texto original, sin corrección ni manipulación alguna. Se han elegido aquellos pasajes que nos han parecido más importantes para la mejor compresión del contenido general.
El conjunto del texto se compone de dos partes: una es la de la “pobre alma” que describe cómo se desarrollan los hechos, anota las circunstancias y expresa sus propios sentimientos; la otra, en cambio, transcribe la “voz” que oye en el alma,  no con oído natural, sino en forma de “impresiones íntimas, tan claras, que se pueden comparar con una verdadera voz, que se entiende muy bien”.
La división en partes, capítulos y párrafos ha sido hecha para facilitar la comprensión y hacer más descansado el texto. Con la misma finalidad, hemos aplicado títulos y compendiado el contenido en los párrafos, que vienen numerados de forma progresiva.
El orden cronológico es el indicado en el margen de los textos con la mayor fidelidad.
El contenido del libro es un Mensaje del Cielo, y una nueva manifestación del amor de Dios hacia los hombres, para salvarles y santificarles.
El objeto del Mensaje es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, que los fieles deben conocer, amar, adorar y glorificar más, con un culto más solemne, ardiente y práctico.
El Mensaje se dirige a la Iglesia, esposa de Cristo: a los sacerdotes, almas consagradas y fieles. Insiste, sobretodo, en la necesidad de un “Nuevo Pentecostés”, de “una nueva ola de fuego del Espíritu Santo”. Como el Padre, en la plenitud de los tiempos envió a su propio Hijo para redimir a la Humanidad, así ahora el Hijo quiere manifestar al mundo “las maravillas del Espíritu Santo” para salvarlo y santificarlo. Para que este Mensaje pueda ser conocido y producir, pues, sus frutos, se precisa un Centro de Irradiación.
En este Centro es necesario, además, un Templo, como casa propia del Espíritu Santo. En él, el Espíritu de la Eterna Caridad del Padre y del Hijo “descenderá y hará morada estable para dar luz y gracia a todos los que lo visiten”.
El culto del Espíritu Santo deberá tener su punto de partida en Loreto, donde se venera y se honra la Divina Maternidad de María, de la que el Espíritu de Amor fue el inefable Artífice.
La misión de dar a conocer, amar y glorificar al Espíritu Santo ha sido confiada al Oasis “Ave María”, que ha sido creado cual si fuera impulsado por una fuerza providencial, para este principalísimo fin.
El Mensaje, que ha sido manifestado por completo en el período que va de noviembre de 1963 a diciembre de 1974, no ha sido publicado hasta ahora. Este largo período de casi doce años, transcurrido entre la primera voz de Jesús y la última, ha dado al mismo Mensaje una especie de madurez, desprendiéndolo y poniéndolo por encima de la mera impresión del momento.
El desarrollo del texto es siempre muy serio, sostenido y transcurre con una lógica precisa, teniendo como único fin salvar y santificar las almas, dentro de la glorificación del Espíritu Santo.
La “pobre alma”, portadora del Mensaje, es desconocida y está oculta aún para sus más próximos e íntimos, y así permanecerá hasta su muerte, por expresa voluntad de Dios.
Hay que destacar que, pese a haber sido elegida por Jesús “discípula y apóstol del Espíritu Santo” vive y vivirá siempre en la sombra, rezando y sufriendo, como víctima grata al corazón de Dios.
El libro lleva por título POTENCIA DIVINA DE AMOR”. Este es, precisamente, el nuevo atributo bajo el cual desea Jesús que sea honrado y glorificado el Eterno Espíritu Divino, que es Potencia de Amor, que quiere darse y hacerse comprender, y que lo rige todo y lo gobierna todo.
Que la publicación de este gran Mensaje ilumine de verdad y vuelva a enardecer y salvar a todas las almas según los divinos designios del mismo Señor Jesús.



P. DAVID DE ANGELIS

LORETO, 25 de marzo de 1976.



LOS MENSAJES Y ORACIONES DEL CIELO 



Día 01 :

 HARÉ DE TU ALMA UN INSTRUMENTO DE MI GLORIA”
" He elegido tu corazón como un pequeño refugio: déjame entrar, tengo necesidad de amor”.

 Delante del Santo Sagrario, a las 10,30 horas Arrebatada por fuertes dolores y por el temor de ser engañada prorrumpe como en un gran grito: “¡El Cielo me es testigo de que yo no deseo otra cosa  sino vivir y morir por Jesucristo!”. Y tres momentos de silencio y de turbación:


La Voz                             “¡Oh, ven a mis brazos... Yo te estrecho en mi Corazón... y te consagro a mi amor... ¡Oh, qué afligido se ve mi Corazón por la pérdida de tantas almas!”.

La Pobre Alma                      Después de la S. Comunión, el alma afligida desde hace días por intensos y continuos sufrimientos y con miedo por el hecho de que desde hace cuatro días, desde las 10 hasta las 10:30, debe suspender su trabajo, adopta una actitud de lamentarse sencillamente.

La Voz                                  "Estoy contento de que el Confesor  controle  y regule mi acción sobre tu alma”.

***

continuará ...

jueves, 11 de julio de 2013

DIES IRAE : EL ESPÍRITU SANTO CORREGIRÁ AL MUNDO CON FUEGO


Dies Irae  ("Día de la ira") es un famoso himno latino del siglo XIII atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260), amigo y biógrafo de San Francisco de Asís. También se han considerado como posibles autores al Papa San Gregorio Magno, San Bernardo de Claraval o los monjes dominicos Umbertus y Frangipani. Suele considerarse el mejor poema en latín medieval, y difiere del latín clásico tanto por su acentuación (no cuantitativa) como por sus líneas en rima. El metro es trocaico. El poema describe el día del juicio, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, donde los elegidos se salvarán y los condenados serán arrojados a las llamas eternas. Este himno se usa como secuencia en la Misa de Réquiem.



Para poder entender bien la Santa Ira de Dios vayamos al vínculo en donde podemos estudiar este ardiente tema . Pues es un hecho que Dios también se enoja y justificadamente la fuente que se usa es la Sagrada Escritura solo ingrese haciendo clic :::::::::::::::::::::::::+


HIMNO SACRO 
Dies irae, dies illa,
solvet saeclum in favilla
teste David cum Sibylla.

Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus,
cuncta stricte discussurus.

Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum
coget omnes ante thronum.

Mors stupebit et natura,
cum resurget creatura
iudicanti responsura.

Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde mundus iudicetur.

Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet, apparebit;
nil inultum remanebit.

Quid sum miser tunc dicturus,
quem patronum rogaturus,
cum vix iustus sit securus?

Rex tremendae maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.

Recordare, Iesu pie,
quod sum causa tuae viae;
ne me perdas illa die.

Quaerens me sedisti lassus,
redemisti crucem passus;
tantus labor non sit cassus.

Iuste iudex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.

Ingemisco tamquam reus,
culpa rubet vultus meus;
supplicanti parce, Deus.

Qui Mariam absolvisti
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.

Preces meae non sunt dignae;
sed tu bonus fac benigne
ne perenni cremer igne.

Inter oves locum praesta,
et ab haedis me sequestra,
statuens in parte dextra.

Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca ma cum benedictis.

Oro supplex et acclinis:
cor contritum quasi cinis;
gere curam mei finis.

Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
iudicandus homo reus, huic ergo parce, Deus.

Pie Iesu Domine, dona eis requiem. Amén.

Traducción



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martes, 29 de enero de 2013

DIVINUM ILLUD MUNUS : LECCIONES PARA LA ESPIRITUALIDAD , ENCICLICA SOBRE EL ESPÍRITU SANTO DE LEON XIIII




 Es importante reconocer que estamos sufriendo dentro de la Iglesia la falta de identidad católica, muchos ya no sabemos que es realmente católico y que no lo es .¡Catastrófico!. Y en esta crisis no solo es espiritual sino también doctrinal. Ya casi nadie advierte que la sustancia de la verdadera fe le falta el sabor y olor de santidad , no la percibimos , nos da igual si nos quitan lo esencial , hoy para muchos fieles "ignorantes" se han vuelto permisivos , pasivos y adormilados por influencias seudo-espirituales gracias a "saltarines o saltimbanquis" pentecostales que traen "buenas nuevas" por doquier para las generaciones modernas todas las primicias que un falso "espíritu" es capaz de engañar.
Los gérmenes  de la  Divina Revelación son las obras intelectuales de Cristo o de la Santa Iglesia católica ya que es su Cuerpo Místico . Y toda obra tiene cabeza visible por naturaleza , es decir que se ve y hay pruebas fidedignas y por esto no hay engaño . Ejemplos hay muchos , aquí va uno y es la principal , que Cristo fundó una sola Iglesia en Pedro. Y el Espíritu Santo en unión con el Padre y el Hijo suscitan nuevas obras o creaciones a ejemplo como son las órdenes religiosas , institutos seculares , colegios , universidades , movimientos , etc cuyas cabezas humanas han , son y serán visibles del cual se reconocen los instrumentos de quien Dios se vale para dar movimiento a su Divina Voluntad en la perfección cristiana. Este concepto es para poder entender el "fenómeno carismático" de donde surgió y desenterrar sus orígenes que propiciaron cierto sector de la Iglesia pos-conciliar  que fomentaron la confusión histórica permitiendo la infiltración pentecostal. 


Por eso debemos reorientar para discernir con la sana doctrina y bajo la Luz Divina las enseñanzas del magnífico Magisterio de la Santa Iglesia en este caso sobre la Tercera Persona de la Trinidad : El Santo Espíritu contra toda herejía práctica camuflada con desparpajo en muchos grupos o comunidades parroquiales.
Todo enseñanza auténtica de la Tradición es para siempre , pues continua de generación en generación. No se la puede cambiar.

El tema : DIVINUM ILLUD MUNUS 



SOBRE LA PRESENCIA
Y VIRTUD ADMIRABLE 
DEL ESPÍRITU SANTO
 


de su Santidad : LEÓN XIII

INTRODUCCIÓN
1. Aquella divina misión que, recibida del Padre en beneficio del género humano, tan santísimamente desempeñó Jesucristo, tiene como último fin hacer que los hombres lleguen a participar de una vida bienaventurada en la gloria eterna; y, como fin inmediato, que durante la vida mortal vivan la vida de la gracia divina, que al final se abre florida en la vida celestial.
Por ello, el Redentor mismo no cesa de invitar con suma dulzura a todos los hombres de toda nación y lengua para que vengan al seno de su Iglesia: Venid a mí todosYo soy la vidaYo soy el buen pastor. Más, según sus altísimos decretos, no quiso El completar por sí sólo incesantemente en la tierra dicha misión, sino que, como El mismo la había recibido del Padre, así la entregó al Espíritu Santo para que la llevara a perfecto término. Place, en efecto, recordar las consoladoras frases que Cristo, poco antes de abandonar el mundo, pronunció ante los apóstoles: «Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá vuestro abogado; en cambio, si me voy, os lo enviaré».
Y al decir así, dio como razón principal de su separación y de su vuelta al Padre el provecho que sus discípulos habían de recibir de la venida del Espíritu Santo; al mismo tiempo que mostraba cómo éste era igualmente enviado por El y, por lo tanto, que de El procedía como del Padre; y que como abogado, como consolador y como maestro concluiría la obra por El comenzada durante su vida mortal. La perfección de su obra redentora estaba providentísimamente reservada a la múltiple virtud de este Espíritu, que en la creación adornó los cielos(2) y llenó la tierra(3).
2. Y Nos, que constantemente hemos procurado, con auxilio de Cristo Salvador, príncipe de los pastores y obispo de nuestras almas, imitar sus ejemplos, hemos continuado religiosamente su misma misión, encomendada a los apóstoles, principalmente a Pedro, cuya dignidad también se transmite a un heredero menos digno(4). Guiados por esa intención, en todos los actos de nuestro pontificado a dos cosas principalmente hemos atendido y sin cesar atendemos. Primero, a restaurar la vida cristiana así en la sociedad pública como en la familiar, tanto en los gobernantes como en los pueblos; porque sólo de Cristo puede derivarse la vida para todos. Segundo, a fomentar la reconciliación con la Iglesia de los que, o en la fe o por la obediencia, están separados de ella; pues la verdadera voluntad del mismo Cristo es que haya sólo un rebaño bajo un solo Pastor. Y ahora, cuando nos sentimos cerca ya del fin de nuestra mortal carrera, place consagrar toda nuestra obra, cualquiera que ella haya sido, al Espíritu Santo, que es vida y amor, para que la fecunde y la madure. Para cumplir mejor y más eficazmente nuestro deseo, en vísperas de la solemnidad de Pentecostés, queremos hablaros de la admirable presencia y poder del mismo Espíritu; es decir, sobre la acción que El ejerce en la Iglesia y en las almas merced al don de sus gracias y celestiales carismas. Resulte de ello, como es nuestro deseo ardiente, que en las almas se reavive y se vigorice la fe en el augusto misterio de la Trinidad, y especialmente crezca la devoción al divino Espíritu, a quien de mucho son deudores todos cuantos siguen el camino de la verdad y de la justicia; pues, como señaló San Basilio,toda la economía divina en torno al hombre, si fue realizada por nuestro Salvador y Dios, Jesucristo, ha sido llevada a cumplimiento por la gracia del Espíritu Santo(5).
EL MISTERIO DE LA TRINIDAD
3. Antes de entrar en materia será conveniente y útil tratar algo sobre el misterio de la Sacrosanta Trinidad.
Este misterio, el más grande de todos los misterios, pues de todos es principio y fin, se llama por los doctores sagrados sustancia del Nuevo Testamento; para conocerlo y contemplarlo han sido , creados en el cielo los ángeles y en la tierra los hombres; para enseñar con más claridad lo prefigurado en el Antiguo Testamento, Dios mismo descendió de los ángeles a los hombres: «Nadie vio jamás a Dios; el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, El nos lo ha revelado»(6).
Así pues, quien escriba o hable sobre la Trinidad siempre deberá tener ante la vista lo que prudentemente amonesta el Angélico: «Cuando se habla de la Trinidad, conviene hacerlo con prudencia y humildad, pues como dice Agustín en ninguna otra materia intelectual es mayor o el trabajo o el peligro de equivocarse o el fruto una vez logrado»(7). Peligro que procede de confundir entre sí, en la fe o en la piedad, a las divinas personas o de multiplicar su única naturaleza; pues la fe católica nos enseña a venerar un solo Dios en la Trinidad y la Trinidad en un solo Dios.
4. Por ello, nuestro predecesor Inocencio XII no accedió a la petición de quienes solicitaban una fiesta especial en honor del Padre. Si hay ciertos días festivos para celebrar cada uno de los misterios del Verbo Encarnado, no hay una fiesta propia para celebrar al Verbo tan sólo según su divina naturaleza; y aun la misma solemnidad de Pentecostés, ya tan antigua, no se refiere simplemente al Espíritu Santo por sí, sino que recuerda su venida o externa misión. Todo ello fue prudentemente establecido para evitar que nadie multiplicara la divina esencia, al distinguir las Personas. Más aún: la Iglesia, a fin de mantener en sus hijos la pureza de la fe, quiso instituir la fiesta de la Santísima Trinidad, que luego Juan XXII mandó celebrar en todas partes; permitió que se dedicasen a este misterio templos y altares y, después de celestial visión, aprobó una Orden religiosa para la redención de cautivos, en honor de la Santísima Trinidad, cuyo nombre la distinguía.
Conviene añadir que el culto tributado a los Santos y Ángeles  a la Virgen Madre de Dios y a Cristo, redunda todo y se termina en la Trinidad. En las preces consagradas a una de las tres divinas personas, también se hace mención de las otras; en las letanías, luego de invocar a cada una de las Personas separadamente, se termina por su invocación común; todos los salmos e himnos tienen la misma doxología al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; las bendiciones, los ritos, los sacramentos, o se hacen en nombre de la santa Trinidad, o les acompaña su intercesión. Todo lo cual ya lo había anunciado el Apóstol con aquella frase: «Porque de Dios, por Dios y en Dios son todas las cosas, a Dios sea la gloria eternamente»(8); significando así la trinidad de las Personas y la unidad de naturaleza, pues por ser ésta una e idéntica en cada una de las Personas, procede que a cada una se tribute, como a uno y mismo Dios, igual gloria y coeterna majestad. Comentando aquellas palabras, dice San Agustín: «No se interprete confusamente lo que el Apóstol distingue, cuando dice "de Dios, por Dios, en Dios"; pues dice "de Dios", por el Padre; "por Dios", a causa del Hijo; "en Dios", por relación al Espíritu Santo(9).
Apropiaciones
5. Con gran propiedad, la Iglesia acostumbra atribuir al Padre las obras del poder; al Hijo, las de la sabiduría; al Espíritu Santo, las del amor. No porque todas las perfecciones y todas las obras ad extra no sean comunes a las tres divinas Personas, pues indivisibles son las obras de la Trinidad, como indivisa es su esencia(10), porque así como las tres Personas divinas son inseparables, así obran inseparablemente(11); sino que por una cierta relación y como afinidad que existe entre las obras externas y el carácter «propio» de cada Persona, se atribuyen a una más bien que a las otras, ocomo dicen «se apropian». Así como de la semejanza del vestigio o imagen hallada en las criaturas nos servimos para manifestar las divinas Personas, así hacemos también con los atributos divinos; y la manifestación deducida de los atributos divinos se dice «apropiación»(12).
De esta manera, el Padre, que es principio de toda la Trinidad(13), es la causa eficiente de todas las cosas, de la Encarnación del Verbo y de la santificación de las almas: «de Dios son todas las cosas»; «de Dios», por relación al Padre; el Hijo, Verbo e Imagen de Dios, es la causa ejemplar por la que todas las cosas tienen forma y belleza, orden y armonía, él, que es camino, verdad, vida, ha reconciliado al hombre con Dios; «por Dios», por relación al Hijo; finalmente, el Espíritu Santo es la causa última de todas las cosas, puesto que, así como la voluntad y aun toda cosa descansa en su fin, así El, que es la bondad y el amor del Padre y del Hijo, da impulso fuerte y suave y como la última mano al misterioso trabajo de nuestra eterna salvación: «en Dios», por relación al Espíritu Santo.
El Espíritu Santo y Jesucristo
6. Precisados ya los actos de fe y de culto debidos a la augustísima Trinidad, todo lo cual nunca se inculcará bastante al pueblo cristiano, nuestro discurso se dirige ya a tratar del eficaz poder del Espíritu Santo. Ante todo, dirijamos una mirada a Cristo, fundador de la Iglesia y Redentor del género humano. Entre todas las obras de Dios ad extra, la más grande es, sin duda, el misterio de la Encarnación del Verbo; en él brilla de tal modo la luz de los divinos atributos, que ni es posible pensar nada superior ni puede haber nada más saludable para nosotros. Este gran prodigio, aun cuando se ha realizado por toda la Trinidad, sin embargo se atribuye como «propio» al Espíritu Santo, y así dice el Evangelio que la concepción de Jesús en el seno de la Virgen fue obra del Espíritu Santo(14), y con razón, porque el Espíritu Santo es la caridad del Padre y del Hijo, y este gran misterio de la bondad divina(15), que es la Encarnación, fue debido al inmenso amor de Dios al hombre, como advierte San Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Hijo Unigénito»(16). Añádase que por dicho acto la humana naturaleza fue levantada a la unión personal con el Verbo, no por mérito alguno, sino sólo por pura gracia, que es don propio del Espíritu Santo: El admirable modo, dice San Agustín, con que Cristo fue concebido por obra del Espíritu Santo, nos da a entender la bondad de Dios, puesto que la naturaleza humana, sin mérito alguno precedente, ya en el primer instante fue unida al Verbo de Dios en unidad tan perfecta de persona que uno mismo fuese a la vez Hijo de Dios e Hijo del hombre(17).
Por obra del Espíritu Divino tuvo lugar no solamente la concepción de Cristo, sino también la santificación de su alma, llamada unción en los Sagrados Libros(18), y así es como toda acción suya se realizaba bajo el influjo del mismo Espíritu(19), que también cooperó de modo especial a su sacrificio, según la frase de San Pablo: «Cristo, por medio del Espíritu Santo, se ofreció como hostia inocente a Dios»(20). Después de todo esto, ya no extrañará que todos los carismas del Espíritu Santo inundasen el alma de Cristo. Puesto que en El hubo una abundancia de gracia singularmente plena, en el modo más grande y con la mayor eficacia que tenerse puede; en él, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, las gracias gratis datas, las virtudes, y plenamente todos los dones, ya anunciados en las profecías de Isaías(21), ya simbolizados en aquella misteriosa paloma aparecida en el Jordán, cuando Cristo con su bautismo consagraba sus aguas para el nuevo Testamento.
Con razón nota San Agustín que Cristo no recibió el Espíritu Santo siendo ya de treinta años, sino que cuando fue bautizado estaba sin pecado y ya tenía el Espíritu Santo; entonces, es decir, en el bautismo, no hiza sino prefigurar a su cuerpo místico, es decir, a la Iglesia en la cual los bautizados reciben de modo peculiar el Espíritu Santo(22). Y así la aparición sensible del Espíritu sobre Cristo y su acción invisible en su alma representaban la doble misión del Espíritu Santo, visible en la Iglesia, e invisible en el alma de los justos.

EL ESPÍRITU SANTO Y LA IGLESIA
En los apóstoles, obispos y sacerdotes
7. La Iglesia, ya concebida y nacida del corazón mismo del segundo Adán en la Cruz, se manifestó a los hombres por vez primera de modo solemne en el celebérrimo día de Pentecostés con aquella admirable efusión, que había sido vaticinada por el profeta Joel(23); y en aquel mismo día se iniciaba la acción del divino Paráclito en el místico cuerpo de Cristo, posándose sobre los apóstoles, como nuevas coronas espirituales, formadas con lenguas de fuego, sobre sus cabezas(24).
Y entonces los apóstoles descendieron del monte, como escribe el Crisóstomo, no ya llevando en sus manos como Moisés tablas de piedra, sino al Espíritu Santo en su alma, derramando el tesoro y fuente de verdades y de carismas(25). Así, ciertamente se cumplía la última promesa de Cristo a sus apóstoles, la de enviarles el Espíritu Santo, para que con su inspiración completara y en cierto modo sellase el depósito de la revelación: «Aún tengo que deciros muchas cosas, mas no las entenderíais ahora; cuando viniere el Espíritu de verdad, os enseñará toda verdad»(26). El Espíritu Santo, que es espíritu de verdad, pues procede del Padre, Verdad eterna, y del Hijo, Verdad sustancial, recibe de uno y otro, juntamente con la esencia, toda la verdad que luego comunica a la Iglesia, asistiéndola para que no yerre jamás, y fecundando los gérmenes de la revelación hasta que, en el momento oportuno, lleguen a madurez para la salud de los pueblos. Y como la Iglesia, que es medio de salvación, ha de durar hasta la consumación de los siglos, precisamente el Espíritu Santo la alimenta y acrecienta en su vida y en su virtud: «Yo rogaré al Padre y El os mandará el Espíritu de verdad, que se quedará siempre con vosotros»(27). Pues por El son constituidos los obispos, que engendran no sólo hijos, sino también padres, esto es, sacerdotes, para guiarla y alimentarla con aquella misma sangre con que fue redimida por Cristo: «El Espíritu Santo ha puesto a los obispos para regir la Iglesia de Dios, que Cristo adquirió con su sangre»(28); unos y otros, obispos y sacerdotes, por singular don del Espíritu tienen poder de perdonar los pecados, según Cristo dijo a sus apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo: a los que perdonareis los pecados, les serán perdonados, y a los que se los retuviereis, les serán retenidos»(29).
En las almas
8. Nada confirma tan claramente la divinidad de la Iglesia como el glorioso esplendor de carismas que por todas partes la circundan, corona magnífica que ella recibe del Espíritu Santo. Baste, por último, saber que si Cristo es la cabeza de la Iglesia, el Espíritu Santo es su alma: «Lo que el alma es en nuestro cuerpo, es el Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia»(30). Si esto es así, no cabe imaginar ni esperar ya otra mayor y más abundante manifestación y aparición del Divino Espíritu, pues la Iglesia tiene ya la máxima  que ha de durarle hasta que, desde el estadio de la milicia terrenal, sea elevada triunfante al coro alegre de la sociedad celestial.
No menos admirable, aunque en verdad sea más difícil de entender, es la acción del Espíritu Santo en las almas, que se-esconde a toda mirada sensible.
Y esta efusión del Espíritu es de abundancia tanta que el mismo Cristo, su donante, la asemejó a un río abundantísimo, como lo afirma San Juan: «Del seno de quien creyere en Mí, como dice la Escritura, brotarán fuentes de agua viva»; testimonio que glosó el mismo evangelista, diciendo: «Dijo esto del Espíritu Santo, que los que en El creyesen habían de recibir»(31) .
En el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento
9. Cierto es que aun en los mismos justos del Antiguo Testamento ya inhabitó el Espíritu Santo, según lo sabemos de los profetas, de Zacarías, del Bautista, de Simeón y de Ana; pues no fue en Pentecostés cuando el Espíritu Santo comenzó a inhabitar en los Santos por vez primera: en aquel día aumentó sus dones, mostrándose más rico y más abundante en su largueza(32). También aquéllos eran hijos de Dios, mas aún permanecían en la condición de siervos, porque tampoco el hijo se diferencia del siervo, mientras está bajo tutela(33); a más de que la justicia en ellos no era sino por los previstos méritos de Cristo, y la comunicación del Espíritu Santo hecha después de Cristo es mucho más copiosa, como la cosa pactada vence en valor a la prenda, y como la realidad excede en mucho a su figura. Y por ello así lo afirmó Juan: «Aún no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado»(34). Inmediatamente que Cristo, ascendiendo a lo alto, hubo tomado posesión de su reino, conquistado con tanto trabajo, con divina munificencia abrió sus tesoros, repartiendo a los hombres los dones del Espíritu Santo(35): «Y no es que antes no hubiese sido mandado el Espíritu Santo, sino que no había sido dado como lo fue después de la glorificación de Cristo»(36). Y ello porque la naturaleza humana es esencialmente sierva de Dios: «La criatura es sierva, nosotros somos siervos de Dios según la naturaleza»(37); más aún: por el primer pecado toda nuestra naturaleza cayó tan baja que se tornó enemiga de Dios: «Eramos por la naturaleza hijos de la ira»(38). No había fuerza capaz de levantarnos de caída tan grande y rescatarnos de la eterna ruina. Pero Dios, que nos había creado, se movió a piedad; y por medio de su Unigénito restituyó al hombre a la noble altura de donde había caído, y aun le realzó con más abundante riqueza de dones. Ninguna lengua puede expresar esta labor de la divina gracia en las almas de los hombres, por la que son llamados, ya en las Sagradas Escrituras, ya en los escritos de los Padres de la Iglesia, regenerados, criaturas nuevas, participantes de la divina naturaleza, hijos de Dios, deificados, y así más aún. Ahora bien: beneficios tan grandes propiamente los debemos al Espíritu Santo.
El es el Espíritu de adopción de los hijos, en el cual clamamos: «Abba», «Padre»; inunda los corazones con la dulzura de su paternal amor: da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios(39). Para declarar lo cual es muy oportuna aquella observación del Angélico, de que hay cierta semejanza entre las dos obras del Espíritu Santo; puesto que por la virtud del Espíritu Santo Cristo fue concebido en santidad para ser hijo natural de Dios, y los hombres son santificados para ser hijos adoptivos de Dios(40). Y así, con mucha mayor nobleza aún que en el orden natural, la espiritual generación es fruto del Amor increado.
En los sacramentos
10. Esta regeneración y renovación comienza para cada uno en el bautismo, sacramento en el que, arrojado del alma el espíritu inmundo, desciende a ella por primera vez el Espíritu Santo, haciéndola semejante a sí: «Lo que nace del Espíritu es espíritu»(41). Con más abundancia se nos da el mismo Espíritu en la confirmación, por la que se nos infunde fortaleza y constancia para vivir como cristianos: es el mismo Espíritu el que venció en los mártires y triunfó en las vírgenes sobre los halagos y peligros. Hemos dicho que «se nos da el mismo Espíritu»: «La caridad de Dios se difunde en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado»(42). Y en verdad, no sólo nos llena con divinos dones, sino que es autor de los mismos, y aun El mismo es el don supremo porque, al proceder del mutuo amor del Padre y del Hijo, con razón es don del Dios altísimo. Para mejor entender la naturaleza y efectos de este don, conviene recordar cuanto, después de las Sagradas Escrituras, enseñaron los sagrados doctores, esto es, que Dios se halla presente a todas las cosas y que está en ellas: por potencia, en cuanto se hallan sujetas a su potestad; por presencia, en cuanto todas están abiertas y patentes a sus ojos; por esencia, porque en todas se halla como causa de su ser(43). Mas en la criatura racional se encuentra Dios ya de otra manera; esto es, en cuanto es conocido y .amado, ya que según naturaleza es amar el bien, desearlo y buscarlo. Finalmente, Dios, por medio de su gracia, está en el alma del justo en forma más íntima e inefable, como en su templo; y de ello se sigue aquel mutuo amor por el que el alma está íntimamente presente a Dios, y está en él más de lo que pueda suceder entre los amigos más queridos, y goza de él con la más regalada dulzura.
En la inhabitación
11. Y esta admirable unión, que propiamente se llama inhabitación, y que sólo en la condición o estado, mas no en la esencia, se diferencia de la que constituye la felicidad en el cielo, aunque realmente se cumple por obra de toda la Trinidad, por la venida y morada de las tres divinas Personas en el alma amante de Dios, vendremos a él y haremos mansión junto a él(44), se atribuye, sin embargo, como peculiar al Espíritu Santo. Y es cierto que hasta entre los impíos aparecen vestigios del poder y sabiduría divinos; mas de la caridad, que es como «nota» propia del Espíritu Santo, tan sólo el justo participa.
Añádase que a este Espíritu se le da el apelativo de Santo, también porque, siendo el primero y eterno Amor, nos mueve y excita a la santidad, que en resumen no es sino el amor a Dios. Y así, el Apóstol, cuando llama a los justos templos de Dios, nunca les llama expresamente templos «del Padre» o «del Hijo», sino «del Espíritu Santo»: «¿Ignoráis que vuestros miembros son templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, pues le habéis recibido de Dios?»(45). A la inhabitación del Espíritu Santo en las almas justas sigue la abundancia de los dones celestiales. Así enseña Santo Tomás: «El Espíritu Santo, al proceder como Amor, procede en razón de don primero; por esto dice Agustín que, por medio de este don que es el Espíritu Santo, muchos otros dones se distribuyen a los miembros de Cristo(46). Entre estos dones se hallan aquellos ocultos avisos e invitaciones que se hacen sentir en la mente y en el corazón por la moción del Espíritu Santo; de ellos depende el principio del buen camino, el progreso en él y la salvación eterna. Y puesto que estas voces e inspiraciones nos llegan muy ocultamente, con toda razón en las Sagradas Escrituras alguna vez se dicen semejantes al susurro del viento; y el Angélico Doctor sabiamente las compara con los movimientos del corazón, cuya virtud toda se halla oculta: «El corazón tiene una cierta influencia oculta, y por ello al corazón se compara el Espíritu Santo que invisiblemente vivifica a la Iglesia y la une»(47).
En los siete dones y en los frutos
12. Y el hombre justo, que ya vive la vida de la divina gracia y opera por congruentes virtudes, como el alma por sus potencias, tiene necesidad de aquellos siete dones que se Ilaman propios del Espíritu Santo. Gracias a éstos el alma se dispone y se fortalece para seguir más fácil y prontamente las divinas inspiraciones: es tanta la eficacia de estos dones, que la conducen a la cumbre de la santidad; y tanta su excelencia, que perseveran intactos, aunque más perfectos, en el reino celestial. Merced a esos dones, el Espíritu Santo nos mueve y realza a desear y conseguir las evangélicas bienaventuranzas, que son como flores abiertas en la primavera, cual indicio y presagio de la eterna bienaventuranza. Y muy regalados son, finalmente, los frutos enumerados por el Apóstol(48) que el Espíritu Santo produce y comunica a los hombres justos, aun durante la vida mortal, llenos de toda dulzura y gozo, pues son del Espíritu Santo que en la Trinidad es el amor del Padre y del Hijo y que llena de infinita dulzura a las criaturas todas(49).
Y así el Divino Espíritu, que procede del Padre y del Hijo en la eterna luz de santidad como amor y como don, luego de haberse manifestado a través de imágenes en el Antiguo Testamento, derrama la abundancia de sus dones en Cristo y en su cuerpo místico, la Iglesia; y con su gracia y saludable presencia alza a los hombres de los caminos del mal, cambiándoles de terrenales y pecadores en criaturas espirituales y casi celestiales. Pues tantos y tan señalados son los beneficios recibidos de la bondad del Espíritu Santo, la gratitud nos obliga a volvernos a El, llenos de amor y devoción.

EXHORTACIONES

Foméntese el conocimiento y amor del Espíritu Santo
13. Seguramente harán esto muy bien y perfectamente los hombres cristianos si cada día se empeñaren más en conocerle, amarle y suplicarle; a ese fin tiende esta exhortación dirigida a los mismos, tal como surge espontánea de nuestro paternal ánimo.
Acaso no falten en nuestros días algunos que, de ser interrogados como en otro tiempo lo fueron algunos por San Pablo «si habían recibido el Espíritu Santo», contestarían a su vez: «Nosotros, ni siquiera hemos oído si existe el Espíritu Santo»(50). Que si a tanto no llega la ignorancia, en una gran parte de ellos es muy escaso su conocimiento sobre El; tal vez hasta con frecuencia tienen su nombre en los labios, mientras su fe está llena de crasas tinieblas. Recuerden, pues, los predicadores y párrocos que les pertenece enseñar con diligencia y claramente al pueblo la doctrina católica sobre el Espíritu Santo, mas evitando las cuestiones arduas y sutiles y huyendo de la necia curiosidad que presume indagar los secretos todos de Dios. Cuiden recordar y explicar claramente los muchos y grandes beneficios que del Divino Dador nos vienen constantemente, de forma que sobre cosas tan altas desaparezca el error y la ignorancia, impropios de los hijos de la luz. Insistimos en esto no sólo por tratarse de un misterio, que directamente nos prepara para la vida eterna y que, por ello, es necesario creer firme y expresamente, sino también porque, cuanto más clara y plenamente se conoce el bien, más intensamente se le quiere y se le ama. Esto es lo que ahora queremos recomendaros: Debemos amar al Espíritu Santo, porque es Dios: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fortaleza(51). Y ha de ser amado, porque es el Amor sustancial eterno y primero, y no hay cosa más amable que el amor; y luego tanto más le debemos amar cuanto que nos ha llenado de inmensos beneficios que, si atestiguan la benevolencia del donante, exigen la gratitud del alma que los recibe. Amor este que tiene una doble utilidad, ciertamente no pequeña. Primeramente nos obliga a tener en esta vida un conocimiento cada día más claro del Espíritu Santo: El que ama, dice Santo Tomás, no se contenta con un conocimiento superficial del amado, sino que se esfuerza por conocer cada una de las cosas que le pertenecen intrínsecamente, y así entra en su interior, como del Espíritu Santo, que es amor de Dios, se dice que examina hasta lo profundo de Dios(52). En segundo lugar, que será mayor aún la abundancia de sus celestiales dones, pues como la frialdad hace cerrarse la mano del donante, el agradecimiento la hace ensancharse. Y cuídese bien de que dicho amor no se limite a áridas disquisiciones o a externos actos religiosos; porque debe ser operante, huyendo del pecado, que es especial ofensa contra el Espíritu Santo. Cuanto somos y tenemos, todo es don de la divina bondad que corresponde como propia al Espíritu Santo; luego el pecador le ofende al mismo tiempo que recibe sus beneficios, y abusa de sus dones para ofenderle, al mismo tiempo que, porque es bueno, se alza contra El multiplicando incesantes sus culpas.
No le entristezcamos
14. Añádase, además, que, pues el «Espíritu Santo es espíritu de verdad, si alguno falta por debilidad o ignorancia, tal vez tenga alguna excusa ante el tribunal de Dios; mas el que por malicia se opone a la verdad o la rehúye, comete gravísimo pecado contra el Espíritu Santo. Pecado tan frecuente en nuestra época que parecen llegados los tristes tiempos descritos por San Pablo, en los cuales, obcecados los hombres por justo juicio de Dios, reputan como verdaderas las cosas falsas, y al príncipe de este mundo, que es mentiroso y padre de la mentira, le creen como a maestro de la verdad: Dios les enviará espíritu de error para que crean a la mentira 53): en los últimos tiempos se separarán algunos de la fe, para creer en los espíritus del error y en las doctrinas de los demonios(54): Y por cuanto el Espíritu Santo, según antes hemos dicho, habita en nosotros como en su templo, repitamos con el Apóstol: «No queráis contristar al Espíritu Santo de Dios, que os ha consagrado»(55). Para ello no basta huir de todo lo que es inmundo, sino que el hombre cristiano debe resplandecer en toda virtud, especialmente en pureza y santidad, para no desagradar a huésped tan grande, puesto que la pureza y la santidad son las propias del templo. Por ello exclama el mismo Apóstol: «Pero ¿es que no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno osare profanar el templo de Dios, será maldito de Dios, pues el templo debe ser santo y vosotros sois este templo»(56); amenaza tremenda, pero justísima.
Pidamos el Espíritu Santo
15. Por último, conviene rogar y pedir al Espíritu Santo, cuyo auxilio y protección todos necesitamos en extremo. Somos pobres, débiles, atribulados, inclinados al mal: luego recurramos a El, fuente inexhausta de luz, de consuelo y de gracia. Sobre todo, debemos pedirle perdón de los pecados, que tan necesario nos es, puesto que es el Espíritu Santo don del Padre y del Hijo, y los pecadores son perdonados por medio del Espíritu Santo como por don de Dios(57), lo cual se proclama expresamente en la liturgia cuando al Espíritu Santo le llama remisión de todos los pecados(58).
Cuál sea la manera conveniente para invocarle, aprendámoslo de la Iglesia, que suplicante se vuelve al mismo Espíritu Santo y lo llama con los nombres más dulces de padre de los pobres, dador de los dones, luz de los corazones, consolador benéfico, huésped del alma, aura de refrigerio; y le suplica encarecidamente que limpie, sane y riegue nuestras mentes y nuestros corazones, y que conceda a todos los que en El confiamos el premio de la virtud, el feliz final de la vida presente, el perenne gozo en la futura. Ni cabe pensar que estas plegarias no sean escuchadas por aquel de quien leemos que ruega por nosotros con gemidos inefables(59). En resumen, debemos suplicarle con confianza y constancia para que diariamente nos ilustre más y más con su luz y nos inflame con su caridad, disponiéndonos así por la fe y por el amor a que trabajemos con denuedo por adquirir los premios eternos, puesto que El es la prenda de nuestra heredad(60).
Novena del Espíritu Santo
16. Ved, venerables hermanos, los avisos y exhortaciones nuestras sobre la devoción al Espíritu Santo, y no dudamos que por virtud principalmente de vuestro trabajo y solicitud, se han de producir saludables frutos en el pueblo cristiano. Cierto que jamás faltará nuestra obra en cosa de tan gran importancia; más aún, tenemos la intención de fomentar ese tan hermoso sentimiento de piedad por aquellos modos que juzgaremos más convenientes a tal fin. Entre tanto, puesto que Nos, hace ahora dos años, por medio del breve Provida Matris, recomendamos a los católicos para la solemnidad de Pentecostés algunas especiales oraciones a fin de suplicar por el cumplimiento de la unidad cristiana, nos place ahora añadir aquí algo más. Decretamos, por lo tanto, y mandamos que en todo el mundo católico en este año, y siempre en lo por venir, a la fiesta de Pentecostés preceda la novena en todas las iglesias parroquiales y también aun en los demás templos y oratorios, a juicio de los Ordinarios.
Concedemos la indulgencia de siete años y otras tantas cuarentenas por cada día a todos los que asistieren a la novena y oraren según nuestra intención, además de la indulgencia plenaria en un día de la novena, o en la fiesta de Pentecostés y aun dentro de la octava, siempre que confesados y comulgados oraren según nuestra intención. Queremos igualmente también que gocen de tales beneficios todos aquellos que, legítimamente impedidos, no puedan asistir a dichos cultos públicos, y ello aun en los lugares donde no pudieren celebrarse cómodamente a juicio del Ordinario en el templo, con tal que privadamente hagan la novena y cumplan las demás obras y condiciones prescritas. Y nos place añadir del tesoro de la Iglesia que puedan lucrar nuevamente una y otra indulgencia todos los que en privado o en público renueven según su propia devoción algunas oraciones al Espíritu Santo cada día de la octava de Pentecostés hasta la fiesta inclusive de la Santísima Trinidad, siempre que cumplan las demás condiciones arriba indicadas. Todas estas indulgencias son aplicables también aun a las benditas almas del Purgatorio.
El Espíritu Santo y la Virgen María
17. Y ahora nuestro pensamiento se vuelve adonde comenzó, a fin de lograr del divino Espíritu, con incesantes oraciones su cumplimiento. Unid, pues, venerables hermanos, a nuestras oraciones también las vuestras, así como las de todos los fieles, interponiendo la poderosa y eficaz mediación de la Santísima Virgen. Bien sabéis cuán íntimas e inefables relaciones existen entre ella y el Espíritu Santo, pues que es su Esposa inmaculada. La Virgen cooperó con su oración muchísimo así al misterio de la Encarnación como a la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Que Ella continúe, pues, realzando con su patrocinio nuestras comunes oraciones, para que en medio de las afligidas naciones se renueven los divinos prodigios del Espíritu Santo, celebrados ya por el profeta David: «Manda tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra»(61) .
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 9 de mayo del año 1897, vigésimo de nuestro pontificado.

Notas
1. Jn 16,7.
2. Job 26,13.
3. Sab 1,7.
4. S. León M., Sermo 2 in anniv. ass. suae.
5. De Spiritu Sancto 16,39.
6. Jn 1,18.
7. I q.31 a.2; De Trin. 1,3.
8. Rom 11,36.
9. De Trin. 6 10; 1,6.
10.S. Agustín, De Trin., 1,4 y 5.
11. S. Agustín, ibíd.
12. S. Th., I q.39 a.7.
13. S. Agustín, De Trin. 4,20.
14. Mt 1,18.20.
15. 1 Tim 3,16.
16. Jn 3,16.
17. Enchir. 30. S. Thom., II q.32 a.l.
18. Hech 10,38.
19. S. Basil., De Sp. S. 16.
20. Heb 9,14.
21. 4,1; 11,2.3.
22. De Trin. 15,26.
23. 2,28.29.
24 Cir. Hierosol., Catech. 17.
25. In Mat, hom.l; 2 Cor 3,3.
26. Jn 16,12.13.
27. Ibíd. 14.16,17.
28. Hech 20,28.
29. Jn 20,22.23.
30. S. Agustín, Serm. 187 de temp.
31. 7,38.39.
32. S. León M., Hom. 3 de Pentec.
33. Gál 4,1.2.
34. 7,39.
35 Ef 4,8.
36, Agustín, De Trin. 1,4, c.20.
37. S. Cir. Alex., Thesam. 1,5, c.5.
38. Ef 2,3.
39. Rom 8,15.16.
40. III q.32, a.l
41. Jn 3,7.
42. Rom 5,5.
43. S. Th., I q.8, a.3.
44. Jn 14,23.
45. 1 Cor 6,19.
46. I q.38, a.2. S. Agustín, De Trin. 15,19.
47. II q.8, a.l.
48. Gál v.22.
49. S. Agustín, De Trin. 5,9.
50. Hech 19,2
51. Deut 6,5.
52. 1 Cor 2,10; I-II q.28, a.2.
53. 2 Tes 2,10.
54. 1 Tim 4,1
55. Ef 4,30.
56.1 Cor 3, 16, I 7.
57. S. Th. III q.3, a.8 ad 3.
58. In Miss. Rom. fer. 3 post Pent.
59. Rom 8,26.
60. Ef 1,14.
61. Sal 103,30.
Significancia de las palabras en este documento
ad extra (latín)  .- hacia fuera.
Ven Espíritu Santo , Ven Potencia Divina ,
ven a mi pobre corazón , purifícalo , hazlo 
todo tuyo , amén.


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